Este texto surge a partir del interesante libro que menciono a continuación:
Ferrés, J. (2000): Educar en una cultura del espectáculo.Barcelona : Paidós.
1. Reconocer la inminente fuerza de los medios
Ferres sostiene que existe un gran distanciamiento entre la manera como vivimos y la manera en la que se está educando a las nuevas generaciones; los parámetros que rigen en estos momentos a la sociedad son realmente distintos a los que lo hacían hasta hace sólo unos pocos años, hecho que se debe a la inminente fuerza que éstos han tomado desde hace algún tiempo y que crece al mismo ritmo de una bola de nieve. Teniendo en cuenta esto, ya no podemos hablar de una cultura con espectáculo sino de una cultura del espectáculo. Ante esta realidad la preocupación que aparece es la de la notable diferencia entre la iconosfera y la logosfera, la primera relativa a la imagen y por ende, a lo sensacional y emotivo que impera en la sociedad, y la segunda, la de la escuela, al libro y a la palabra escrita. De todo ello surge la necesidad de repensar el rol del docente y el de la escuela.
2. Adaptarse al cambio
El estudiante se encuentra en una encrucijada: la sociedad inmersa en el mundo del espectáculo, que exalta la “Cultura mosaico” y, del otro lado, la escuela, que requiere la activación del pensamiento, de la producción de ideas, de la reflexión. De ahí que sea necesario que el maestro no se convierta en un sujeto que se limite a hablar frente a sus estudiantes, sino que esté dispuesto a hablar con ellos, a preocuparse por la manera en que ellos conciben el conocimiento y, de este modo, tomar las medidas pertinentes para orientar de manera apropiada el proceso de aprendizaje de cada uno de ellos. De este modo, se reitera la necesidad de que los maestros y la escuela en general estén dispuestos a adaptarse a los cambios, de transformarse, para poder responder ante las demandas de las nuevas generaciones, que no son culpables de nacer dentro de esta cultura del espectáculo.
3. Ir más allá de lo inmediato
Ferres menciona algunos aspectos de los medios de comunicación que están afectando notablemente a las sociedades, dado que, por ejemplo, en el caso de la televisión, se está abandonado el discurso racional y reflexivo para pasar al discurso que se limita a la mención y publicitación de ideas y productos que van acorde a esa “cultura mosaico” que se mencionaba anteriormente. En este sentido, cabe señalar que se da paso a un detrimento racional, que lleva a los sujetos a ver sin comprender, y a mostrar sin explicar lo que se muestra; aspecto bastante recurrente en los medios publicitarios. Asimismo, se habla de la lógica de la prisa, que se basa en la lógica de la prisa, que impide la concentración y que busca, ante todo, la satisfacción de las emociones. Por ello es importante buscar los mecanismos que nos lleven nuevamente a procesos de reflexión constante.
4. Sin conflicto no hay mejoría
En ese proceso de adaptarse a los cambios el maestro se ve obligado constantemente a asumir riesgos (si su intención verdadera es trabajar porque su enseñanza sea realmente útil y significativa para sus alumnos), por lo cual en distintos momentos de esa transformación constante del docente se generará un conflicto; dicho conflicto se da cuando el maestro tiene que poner sobre la balanza sintonía con los estudiantes y reforzamiento de la reflexión en ellos; una vez analizadas las consecuencias positivas y negativas de irse por alguno de los dos caminos, el maestro debe lograr un equilibrio que le permita relacionarse tan bien con sus alumnos que pueda influir decisivamente en su manera de pensar sobre su propio proceso educativo.
5. Motivar a actuar
La psicología y el constructivismo brindan grandes aportes en cuanto a la relación motivación-acción que se debe dar en la escuela. De este modo Ferres considera que el deseo es el motor que lleva al ser humano a la acción y que la seducción puede ser disgregadora o integradora dependiendo de la manera como se enfoque. Igualmente, Ferres expone las falencias de la educación que, en general, está diseñada desde afuera y que convierte al aprendiz en un receptor de la información que se encuentra inmersa en su entorno social; sostiene que hay que concebir la educación como esa formación de lo interior , con el objetivo de que se dé una transformación que conlleve un cambio de perspectiva de los alumnos frente a su proceso de aprendizaje.
6. Fomentar el deseo de aprender
Teniendo en cuenta que, como expone Ferres, existe una escala en la que pueden encontrarse los distintos deseos o placeres del hombre, puede decirse que el papel del maestro consiste entonces en llevar al alumno a que evolucione dentro de dicha escala, con el objetivo de que no sólo desee satisfacer sus deseos primitivos, sino que encuentre placer en su proceso de aprendizaje. Nuestra capacidad de responder ante los estímulos primarios es completamente innata, mientras que responder emotivamente a estímulos más complejos es algo que se aprende en el transcurso de la vida y, por obvias razones, se logra con mucha más facilidad cuando contamos con la guía de un maestro que incita a la reflexión y muestra la verdadera riqueza de la educación.
7. El docente es un mediador
Conociendo las grandes distancias que en muchas ocasiones separan a los estudiantes del conocimiento, originadas en la mayoría de los casos por ese “facilismo” en que ha caído la sociedad actual, es indispensable que el maestro se convierta en ese puente que comunica a sus alumnos con aquellos contenidos que éstos necesitan aprender. En este sentido, es fundamental que el maestro emplee estrategias pedagógicas y didácticas apropiadas para presentar el conocimiento de manera interesante, haciendo que los aprendices comprendan la utilidad de cada una de las nuevas cosas que conocen. Respecto a la imagen, cabe señalar que, aunque su uso está fuertemente marcado por esa cultura del espectáculo de la que habla Ferres, el maestro puede funcionar como el puente que haga de ella un recurso interesante y útil dentro del aula de clase.
8. Hay sumas que restan
Con la aparición cada vez más seguida de nuevos recursos tecnológicos, las instituciones educativas se han esforzado en incorporar la mayor cantidad de dichas herramientas al proceso de enseñanza, basados en la creencia de que por ser algo novedoso, muy cercano a los niños y a los jóvenes de esta era digital; han reemplazado estos recursos por los libros y otros elementos que juegan un papel fundamental en la educación. Por ello, Ferres sostiene que no se trata de emplear los medios por emplearlos, sino de usarlos adecuadamente, sin descuidar lo más importante: lo que se va a enseñar. Los equipos tecnológicos nunca podrán reemplazar a un buen maestro.
9. Una educación multimedial
Ferres hace una reflexión bastante interesante acerca de la educación multimedial, entendida como una educación en la que se integran de manera consciente y estratégica los diferentes medios con el objetivo de brindarle al estudiante la mayor cantidad de experiencias distintas, pero todas muy bien enfocadas desde el punto de vista didáctico. Esto a sabiendas de que cada medio es apropiado para enseñar determinados contenidos y ayuda a desarrollar unas determinadas habilidades.
10. La magia de la tecnología audiovisual
Si bien es cierto que los medios de comunicación, y en general todos los recursos tecnológicos, no son el factor definitivo dentro del proceso educativo, también lo es que ellos se constituyen herramientas extremadamente útiles en el quehacer docente, gracias a la posibilidad que ofrecen de presentar los contenidos de forma mucho más atractiva para los alumnos, quienes, además, manejan estos recursos con gran facilidad dada su familiaridad con ellos en las diferentes facetas de su vida cotidiana. Por lo anterior, cabe señalar que lo importante es combinar con cuidado todas estas nuevas tecnologías para hacer de la enseñanza una experiencia mucho más rica y significativa.
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