BETTELHEIM, Bruno. y ZELAN, Karen. “El acceso a la instrucción”. En: Aprender a leer. Editorial Crítica, 2000, p. 13-41.
En el primer capítulo de su libro Aprender a leer Bruno Bettelheim y Karen Zelan exponen algunas ideas bastante importantes respecto al acceso a la educación, considerado como una experiencia trascendental en la vida de toda persona, dado que en este momento inicia su desarrollo dentro de la sociedad . Teniendo en cuenta la importancia de este acontecimiento, los autores señalan algunos factores determinantes en el proceso de aprendizaje, que, en muchas ocasiones, son tomados a la ligera y terminan afectando drásticamente el desempeño de los estudiantes.
En primer lugar, cabe resaltar que el maestro ocupa un lugar supremamente importante en el proceso educativo, puesto que no sólo es un guía en el aspecto cognitivo sino que también se constituye una de las autoridades que más ejerce influencia a nivel psicológico y social sobre sus alumnos. Por este motivo, se insiste en la necesidad de que el maestro sea realmente ese mediador entre el conocimiento y los estudiantes, pero más que ello, sea un mediador entre el niño que necesita aprehender la cultura que lo rodea y ésta que es un impresionante compendio de tradiciones, costumbres y saberes que se encuentran inmersos a la sociedad.
Asimismo, se sostiene también que el maestro debe estar dispuesto a luchar contra muchos inconvenientes que se pueden presentar en su quehacer diario, como el desinterés de sus alumnos por el aprendizaje y las imposiciones a las que, en muchas ocasiones, se ve sometido dentro de las instituciones educativas; razón por la cual resulta indispensable que el maestro de hoy sea flexible y dinámico para poder adaptarse a las condiciones cambiantes de la sociedad en la que se encuentra y poder responder satisfactoriamente a las demandas de unos alumnos que, en la mayoría de los casos, tienen puesta toda su atención en aspectos más triviales de su entorno que en su propio proceso formativo.
En cuanto a los textos escolares los autores mencionan que por dos razones fundamentales éstos son poco interesantes para los niños, ya que en la mayoría de los casos presentan un grupo de palabras bastante limitado que se repite a lo largo de todo el texto, por lo que no promueven en el niño un incremento significativo de su léxico. Además, las historias con las que se enseña a leer se tornan a veces tan simples que terminan tratando a los niños como si fueran tontos, por lo que estos se aburren al tener que leerlas.
La situación sería muy distinta si todos los niños tuvieran la posibilidad de aprender a leer con la ayuda de sus padres, si en los hogares existiera un aprecio por la lectura, por los buenos libros, que hiciera que los aprendices no se vieran limitados a los monótonos libros de texto que les ofrece las escuela; sin embargo, el maestro debe ser consciente de que, aunque este sería el ideal, dadas las circunstancias que prevalecen en la actualidad, la función educativa cada día se restringe más a él, por lo que debe amar su labor y tener la formación adecuada para ser realmente competente en la enseñanza. Hay que recordar que la enseñanza de la lectura no le compete exclusivamente al maestro que enseña la lengua materna, sino a todos los demás, dado que la competencia lectora y escritora son determinantes en el futuro académico de los niños.
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