miércoles, 2 de enero de 2013

Mi lugar común eres tú



Mi lugar común eres tú,
el poema repetido sin tedio ni cansancio
la fantasía que planeo
sobre las curvas que de memoria recorro en silencio
con los ojos cerrados y que vuelven agua mi boca

Mi tema favorito es tu nombre
Y no cansan las miles de veces
Que deletreo sus fonemas
Ni los golpes que me doy al caminar
Cuando despistado olvido mi ser mortal

Mi sueño sempiterno,
que me hagas buen amante en la cama
y encuentre una justa razón
para levantarme con el sol
y creerme el más feliz del mundo

Mi lugar común, tu lunar en la pierna, tus ojos de niño triste,
Tu aparente indiferencia

Mi lugar común eres tú,
el poema repetido sin tedio ni cansancio
que vuelve agua mi boca

Juan José Trillos

jueves, 19 de abril de 2012

Entrevista al escritor

Jesús Hernando Motato Camelo es un escritor nacido en la ciudad de Cali. Realizó estudios secundarios en la Escuela Normal de Varones, de Cali; posteriormente cursó estudios de literatura en la Universidad de Santiago de Cali y de allí se traslada a Bogotá a continuar estudios de Magister en literatura latinoamericana en la Pontificia Universidad Javeriana.

Actualmente es docente de literatura de la Escuela de Idiomas de la Universidad Industrial de Santander. Él compartió con nosotros su concepción de la escritura, así como algunas experiencias personales al respecto.

1. Desde su perspectiva como escritor podría decirnos ¿qué es para usted la escritura?

La escritura es indudablemente el complemento de la lectura y se asume como un oficio; tal como es la lectura. La escritura es un acto pasional, en donde el escritor vierte sus pasiones y su actitud ante la realidad.

2. Respecto a su experiencia como cuentista coméntenos de dónde surgen sus historias.

El anterior y otro de una historia de amor que me contó una amiga en la cual tenía amores con un primo. Este cuento se titula “Al trasluz de la soledad”. El escritor es la persona que mantiene los pies sobre la realidad, pues ella es la que lo nutre. Hay una novela colombiana que yo recomiendo porque es una novela que rastrea la vida del criminal. Mientras la Historia lo condena la literatura lo enaltece; me refiero a la novela: El crimen del siglo, del escritor bogotano Miguel Torres. Lo anterior es saber saquear la realidad.

3. En lo concerniente a sus textos de análisis literario, quisiéramos saber cuál el proceso que usted realiza en la construcción de este tipo de escritos.

Esencialmente parto de la re-lectura que es el mejor método para el análisis literario. Cuando se re-lee más dominio se adquiere sobre el texto y ahí sí viene el complemento que es la escritura. Yo, como profesor, soy un poco esquivo con el rigor del método que impone la teoría literaria, pues esta traza líneas a las cuales la inexperiencia lectora cae sin ningún reparo. Qué atropello por ejemplo el análisis de un poema de Borges bajo el palo implacable de la semiótica literaria, pero uno con inexperiencia lectora somete el poema a ese atropello.

4. Desde su criterio personal ¿qué valor adquiere la creación escrita?

La creación es ritual y allí uno entrega gran parte de su vida. La creación comulga con el acto religioso porque se debe tener fe en la propuesta de escritura.

5. ¿Considera usted que escribir debe catalogarse como un oficio?

Claro que la escritura es un oficio; lo que pasa es que la docencia no deja escribir por eso es una condena para el escritor. Esto es prácticamente un anticipo de alejarme de la docencia para dedicarme seriamente a lo que aspiro: escribir.

Retratos





¿Cómo se hacen los zapatos?


Apenas es 4 de diciembre y ya las calles de Bucaramanga están invadidas por personas que han ahorrado con esfuerzo y dedicación, día tras día, durante todo el año, para poder comprar las cositas que necesitan; oferta y demanda de algunos productos como adornos navideños, luces, juguetes, comida, ropa y zapatos aumentan desenfrenadamente, pues la gente quiere despedir el viejo año estrenando y espera un nuevo año más próspero y feliz.

Por mi parte, tengo que reconocer que los zapatos llaman mi atención en particular. Pienso… abiertos o cerrados, con tacón alto o bajo, deportivos, elegantes, casuales… colores, ¿qué colores quiero? Lo único seguro es que los necesito talla 36. Recorro la zona centro de la ciudad y el barrio San Francisco, donde verdaderamente existe un universo del calzado.

¡Me encantan los zapatos! Sí… ¡me encantan! ¿Acaso usted conoce a alguna mujer a la que no le gusten? Imagino que no… y es porque, además de que el calzado se encarga de proteger nuestros pies, esos miembros del cuerpo que requieren una atención especial, dado el gran esfuerzo al que a veces los sometemos, los zapatos también se convierten en un accesorio importantísimo que devela incluso algunos rasgos de nuestra personalidad.

Nunca me había preguntado por todo lo que sucedía antes de que los zapatos llegaran al mostrador hasta que conocí a Andry en el 2007; ella era mi nueva compañera en una labor que yo desempeñaría durante seis meses en El Playón, Santander. Llegamos a nuestra nueva casa el 22 de diciembre de aquel año, a eso de las 11:00 am; hacía un calor impresionante y los nuevos vecinos se asomaban discretamente para ver quiénes eran las forasteras. Una vez entramos a la casa, pequeña pero acogedora, lo primero que hicimos fue abrir nuestras maletas para sacar algunas cosas que necesitábamos; en ese momento vi algo que me llamó mucho la atención…

En la maleta más grande de mi compañera estaban perfectamente acomodados 18 pares de zapatos, desde los más comunes hasta los más raros que yo había visto en mi vida. No pude evitar decir:

-¡Ushh! ¡Usted tiene muchísimos zapatos!

Sonriendo al ver mi cara de sorpresa, ella respondió en el tono más natural:

-Sí, es que mi familia tiene una fábrica de calzado.

Tengo que reconocer que la envidié por un momento, aunque eso de llevar tantos zapatos hasta ese lugar me parecía bastante exagerado. Casi de inmediato me dijo:

-Escoja el par que quiera y yo se lo regalo

Recuerdo que escogí unos muy bonitos, eran de color beis con corazones rosados, súper cómodos y perfectos para hacer lo que más íbamos a hacer en ese pueblo: caminar.

Desde entonces empecé a interesarme por los zapatos de una manera diferente, pues la mamá y los hermanos de mi amiga iban los fines de semana a ofrecer sus productos y yo cada vez les preguntaba más cosas sobre su historia con el calzado. El hermano de mi amiga me contó cómo ha sigo todo. Me dijo que Darpana nació ya hace como treinta años y fue el medio de sustento de la familia Calderón Cardozo; fue fundada por la mamá de ellos, la señora Aracely Cardozo, y se dio a conocer en ese entonces con el nombre Calzado Arlem, luego el régimen pasó a nombre de Lisdriana Calderón, la mayor de las hermanas de la familia, con el nombre de su hijita: Darling.

Luego de haber trabajado por un tiempo en Bucaramanga, la fábrica se trasladó a la Guajira y con la ayuda de toda la familia se fue haciendo cada vez más fuerte; los más jóvenes, Daniel, Andry y Anderson, quien me contó toda la historia, aportaron muchísimo al crecimiento de la empresa:

-Después de terminar nuestros estudios, ya sabes, Andry estudia administración y yo comercio, Daniel buscó otra fuente de trabajo para obtener un capital y crear así una empresa más fuerte y estable con nuestros conocimientos.

De esta manera fue como nació la empresa, fue hasta marzo de 2006 cuando se registró con su nombre actual, Darpana.

Cuando él me contó la historia de Darpana y el esfuerzo que toda la familia de una u otra forma había hecho por ella hasta entonces, entendí que todos ellos tenían motivos muy poderosos para mantenerse unidos en torno a ese negocio que desde hacía ya varios años era su fuente de ingresos. Además, esta empresa tenía algo que para mí era especial, como dijo Cherón, así se le dice a Anderson de cariño:

-Darpana se basa en el diseño y fabricación de calzado personalizado.

Yo puedo dar fe de ello, pues varias veces he puesto mis pies sobre una hoja para que ellos puedan dibujar las siluetas…

-¿es totalmente necesario esto?- Pregunté la primera vez

-si quiere que la medida sea perfecta, pues sí- contestó Andry

Desde ese día no volví a preguntar si eso era necesario; además mi amiga me ha diseñado sandalias y baletas según algunas indicaciones que yo le he dado acerca de materiales, colores y adornos, hecho que ha garantizado mi satisfacción total con cada nuevo par de zapatos.

Durante un tiempo mi conocimiento sobre la empresa llegó hasta ahí, conocía la historia que tenía y sabía que realmente la fabricación era personalizada si el cliente lo requería. Sin embargo, fue en el siguiente año cuando pude apreciar directamente los procesos de producción.

Nuevamente, todo sucedió por casualidad, era la época decembrina… nuestras familias se cruzaron en un evento y como mi amiga me dijo que estaban atareadísimos con la producción y yo no tenía tareas urgentes que hacer en mi casa, me ofrecí a ayudarla en lo que estuviera a mi alcance; afortunadamente mis papás ya conocían muy bien a la familia y no le vieron ningún problema a dejarme ir con ella. Parece una locura pero nos fuimos a las 9:00 pm, pensé que cuando llegáramos todos estarían abandonando sus labores, pero pasó todo lo contrario, pues todos estaban tan enérgicos como si fueran las 10:00 am.

Después de una breve bienvenida me ofrecí a ayudarles en lo que desde mi inexperiencia yo pudiera hacer, pero antes Anderson, como buen jefe de la producción tenía que explicarme el proceso:

- La fabricación comienza en el diseño del estilo deseado por el cliente, nosotros nos encargamos de asesorarlos y de agregar las referencias necesarias para la fabricación, luego tomamos el diseño o estilo a trabajar y lo escalamos teniendo en cuenta las cualidades del pie del cliente como su número, la figura de su pie, ya que dependiendo del cliente suelen cambiar la ocasión para la que éste la necesita y la función que este va desempeñar; a ver le explico… si son para corregir algún problema como espolones, juanetes o si tiene recomendaciones médicas específicas.

-Eso es lo que más me gusta de ustedes- dije –uno como cliente sabe que ustedes se adaptan a nuestras necesidades y estilos. Cherón asintió y continúo con la explicación…

Luego de escalar la moldura se corta el material a trabajar y se envía a desbaste; el desbaste se trata de preparar el cuero para doblarlo donde es necesario, luego se pasa a la guarnición, donde se hace el doblado, la armada de la capellada y las costuras necesarias; de ahí pasa a la montada, ahí es donde se le da la forma del zapato a la capellada por medio de unas hormas que son como los moldes básicos de los pies… las medidas que solemos tomar de los pies las aplicamos aquí para el ajuste perfecto del calzado.

Creo que todos notaron que hubo algunos términos que no entendí muy bien, pues sus caras mostraban una risita disimulada ante mi ignorancia frente al tema; sin embargo, puedo decir que la idea general del proceso la entendí, o eso creo.

Aunque muchas de las cosas de las que hablaba me sonaban bastante extrañas…Anderson prosiguió, puesto que reconocía mi interés en el asunto…

-luego de la suela viene el emplantillado, esta es la terminación del calzado… se revisan detalles como la limpieza, los lujos o adornos; en algunos casos se corrigen detalles de textura del material, se verifica la calidad del producto, se empaca y queda listo para la venta o el cliente que lo mando a fabricar. También depende del cliente si se usan suelas que ya vienen fabricadas para solo pegar o si las hacemos nosotros, cuando son pies de numeración demasiado grande o si son muy chicos o si tienen cualidades distintas y requieren de más suavidad; algunos necesitan que sean más firmes de lo normal por cuestiones de peso o indicaciones médicas… varían de muchas formas.

Hice un gesto de afirmación y le pregunté si para toda clase de zapatos se requería el mismo proceso; su respuesta fue que sí, que desde el calzado comercial de fabricación masiva hasta el personalizado o el medicado tenían el mismo proceso.

En medio de toda la descripción mencionó algunos de los materiales de fabricación principales… cuero, sintético, hilo, hiladillo, pegante amarillo, tachuelas, poliuretano, goma, crepé, entre algunos otros; él precisó que aunque son bastantes los materiales, éstos se emplean o no según lo requiera cada tipo de calzado.

Mientras Anderson terminaba de explicarme cosas sobre el procedimiento y las aspiraciones de la empresa, yo ayudaba a pegar algunas capelladas de tiras para sandalias planas; a eso de la 2:00 am el cansancio empezó a apoderarse de mí… ya todos estaban muy callados, concentrado cada uno en su tarea: la señora Aracely era quien más hacía ruido con su máquina de coser. Al ver mi cansancio Andry me guió a la habitación para que me acostara a dormir, era un cuarto pequeño pero acogedor, muy colorido y decorado con fotografías de algunos de los hermanos.

Al día siguiente me desperté muy temprano, la mamá de Andry estaba tomando su café de todas las mañanas…

Buenos días doña Aracely, ¿a qué hora se acostaron todos?

Jum! Hasta hace poquito se acostaron todos, mija- me contestó

Ese día supe que la fabricación de calzado era un oficio con mucho trabajo, que requería grandes esfuerzos y mucha disciplina si se quería ofrecer un buen producto, y que para esta familia su empresa era tan importante que cada uno de los miembros sabía que valía la pena luchar contra las dificultades que se pudieran presentar.

Recuerdo que Anderson dijo alguna vez:

-Usted ya sabe… la fabricación independiente en el sector del calzado carece de ventajas económicas por las condiciones impuestas para acceder a un crédito o a los subsidios del estado…

Sin embargo, aunque él reconoce los tropiezos que se pueden presentar en el desarrollo de su negocio, la familia Calderón trabaja arduamente, día tras día, por sacar adelante lo que un día resultó ser la solución a sus dificultades económicas y que ahora se ha convertido en su meta y su sueño.

Mientras tanto yo finalizo este año en busca de nuevo calzado… creo que iré a buscarlos a la fábrica de Anderson, pues ahora sé cuánto esfuerzo, cuánta historia, pero sobre todo, cuánto amor, hay detrás de cada par de zapatos.

Fotos de paisaje





Estudiar y trabajar

Hace unos días me sentía totalmente cansada, tenía ganas de acostarme a dormir y no volver a despertar en por lo menos una semana. Lamentablemente, por más que quisiera, no podía hacerlo; ni siquiera cumplir con las ocho horitas reglamentarias para sentirme tranquila… ¡nada! Ya llevaba tres semanas sin dormir más de 5 horas diarias y sentía que eso me estaba matando.

Soy sólo una estudiante, una mujer que desea salir adelante y que sabe que hay que hacer pequeños sacrificios si realmente se quiere alcanzar el éxito… bueno… qué digo el éxito… alcanzar por lo menos un trabajo digno y estable y un estilo de vida que me haga sentir satisfecha conmigo misma. No estoy segura de si podré alcanzar lo que me propongo, pero de verdad lo espero de todo corazón.

Cuando llegué a mi casa el viernes pasado hice lo que de costumbre: me quité los zapatos, me recogí el cabello para que no me estorbara, me puse mi piyama y me senté a esperar que mi mamá me sirviera la cena. Después de eso me instalé frente al computador y de ahí hasta las 3:00 am estuve haciendo un trabajo de literatura que me tenía preocupadísima. Después de un día de estudio, que finalizó a las 6:00 pm, inició una larga jornada de estudio en mi casa que fue aún más agotadora que la de la universidad. Pero… bueno… cosas peores suceden a mi alrededor, como lo que debe soportar la pobre Vivi todos los días.

La conocí cuando tenía 11 años, somos de la misma edad, y cuando eso éramos chiquitas sumamente esforzadas por cumplir con nuestros deberes escolares. Nuestra amistad se desarrolló entre las mil cosas que hay por ver en la calle de los estudiantes, entre los coloridos ganchos y moños que se ofrecen como pan caliente en aquél lugar y que comprábamos con gran interés a pesar de que en el perfil de la alumna Pilarica estaban totalmente prohibidos.

Nos graduamos en el 2007, Viviana Garnica, como el resto de mis amigas, se inclinó siempre por las matemáticas y la contabilidad, mientras que yo sólo tenía cabeza para las clases de filosofía, inglés y español. Era de suponerse que cada una seguiría con lo que le gustaba desde niña y, afortunadamente, así fue.

Cuando cruzamos palabras por el chat normalmente nos decimos:

- ¡Hola amiga! ¿Cómo estás?

- Bien bien, ¿tú qué me cuentas?

- Nada nuevo Vivi, por aquí estoy haciendo una crónica.

- Ahh bueno -me responde-. Yo estoy preocupada porque tengo un trabajo grandísimo que hacer y no me ha quedado tiempo, nena.

Es ahí cuando me siento afortunada. Estudio en la UIS, siempre hay mucho que hacer, pero por lo menos sé que no tengo más motivos para preocuparme, no tengo que cumplir horarios en un trabajo; no tengo un montón de papeles esperándome en una oficina para que los revise y se los entregue a mi jefe; no tengo que cuadrar cuentas, que no son mías, en las que están involucrados muchos millones de pesos… no tengo que hacer nada de eso, Vivi sí.

A veces siento nostalgia por aquellas épocas en las que éramos sólo niñas y andábamos juntas todo el tiempo, compartíamos nuestras onces, y hablábamos reunidas como era de costumbre, casi siempre las mismas siete: Silvia, Jhoana, María, Jenny, Yami, Vivi y yo. La mona, a quien quiero muchísimo, ya había dejado de estudiar con nosotras porque había escogido la modalidad académica, mientras que nosotras éramos de comercio.

Ahora todas estudiamos cosas diferentes y sabemos qué están haciendo las demás, pero, por obvias razones, ya nada es como antes, pues cada una eligió su camino y está trabajando arduamente para alcanzar los fines que se ha propuesto. Viviana, por ejemplo, tiene que trabajar y estudiar al tiempo; de esa manera puede ayudar en su casa o, por lo menos, ayudarse con los gastos que genera mantenerse en la universidad. El año pasado se graduó como Tecnóloga en Gestión empresarial y éste es uno de esos logros de los cuales uno se siente muy orgulloso, pues ahí uno se da cuenta de que a veces tanto esfuerzo vale la pena y los frutos lo ameritan.

Hace un mes empezamos a cuadrar una salida, pero no ha sido nada fácil ponernos de acuerdo en fecha y hora, pues cada una tiene horarios muy distintos. Jhoana y Vivi, quienes trabajan, cumplen horarios de oficina, entre semana sólo tienen la noche pero deben adelantar sus trabajos y muchas veces los fines de semana también están ocupados. Yo sinceramente espero que podamos llegar a un acuerdo pronto y así podamos contarnos todas esas historias que hemos vivido durante todo el tiempo que no nos hemos visto.

Cuando me siento muy cansada recuerdo la situación en la que se encuentran Viviana, Jhoana y muchos otros jóvenes en nuestro país, quienes tienen que trabajar muy duro para ayudarse con sus estudios. Cuando miro con calma mi situación, no me queda más que agradecerle a la vida, porque sólo tengo que preocuparme por estudiar, y reconocer que me encuentro rodeada de personas luchadoras y valientes que no escatiman energías para alcanzar un futuro próspero y feliz.

miércoles, 18 de abril de 2012