miércoles, 24 de agosto de 2011

Diez ideas claves

Este texto surge a partir del interesante libro que menciono a continuación:
Ferrés, J. (2000): Educar en una cultura del espectáculo.Barcelona : Paidós.

1. Reconocer la inminente fuerza de los medios
Ferres sostiene que existe un gran distanciamiento entre la manera como vivimos y la manera en la que se está educando a las nuevas generaciones; los parámetros que rigen en estos momentos a la sociedad son realmente distintos a los que lo hacían hasta hace sólo unos pocos años, hecho que se debe a la inminente fuerza que éstos han tomado desde hace algún tiempo y que crece al mismo ritmo de una bola de nieve. Teniendo en cuenta esto, ya no podemos hablar de una cultura con espectáculo sino de una cultura del espectáculo. Ante esta realidad la preocupación que aparece es la de la notable diferencia entre la iconosfera y la logosfera, la primera relativa a la imagen y por ende, a lo sensacional y emotivo que impera en la sociedad, y la segunda, la de la escuela, al libro y a la palabra escrita. De todo ello surge la necesidad de repensar el rol del docente y el de la escuela.

2. Adaptarse al cambio
El estudiante se encuentra en una encrucijada: la sociedad inmersa en el mundo del espectáculo, que exalta la “Cultura mosaico” y, del otro lado, la escuela, que requiere la activación del pensamiento, de la producción de ideas, de la reflexión. De ahí que sea necesario que el maestro no se convierta en un sujeto que se limite a hablar frente a sus estudiantes, sino que esté dispuesto a hablar con ellos, a preocuparse por la manera en que ellos conciben el conocimiento y, de este modo, tomar las medidas pertinentes para orientar de manera apropiada el proceso de aprendizaje de cada uno de ellos. De este modo, se reitera la necesidad de que los maestros y la escuela en general estén dispuestos a adaptarse a los cambios, de transformarse, para poder responder ante las demandas de las nuevas generaciones, que no son culpables de nacer dentro de esta cultura del espectáculo.

3. Ir más allá de lo inmediato
Ferres menciona algunos aspectos de los medios de comunicación que están afectando notablemente a las sociedades, dado que, por ejemplo, en el caso de la televisión, se está abandonado el discurso racional y reflexivo para pasar al discurso que se limita a la mención y publicitación de ideas y productos que van acorde a esa “cultura mosaico” que se mencionaba anteriormente. En este sentido, cabe señalar que se da paso a un detrimento racional, que lleva a los sujetos a ver sin comprender, y a mostrar sin explicar lo que se muestra; aspecto bastante recurrente en los medios publicitarios. Asimismo, se habla de la lógica de la prisa, que se basa en la lógica de la prisa, que impide la concentración y que busca, ante todo, la satisfacción de las emociones. Por ello es importante buscar los mecanismos que nos lleven nuevamente a procesos de reflexión constante.

4. Sin conflicto no hay mejoría
En ese proceso de adaptarse a los cambios el maestro se ve obligado constantemente a asumir riesgos (si su intención verdadera es trabajar porque su enseñanza sea realmente útil y significativa para sus alumnos), por lo cual en distintos momentos de esa transformación constante del docente se generará un conflicto; dicho conflicto se da cuando el maestro tiene que poner sobre la balanza sintonía con los estudiantes y reforzamiento de la reflexión en ellos; una vez analizadas las consecuencias positivas y negativas de irse por alguno de los dos caminos, el maestro debe lograr un equilibrio que le permita relacionarse tan bien con sus alumnos que pueda influir decisivamente en su manera de pensar sobre su propio proceso educativo.

5. Motivar a actuar
La psicología y el constructivismo brindan grandes aportes en cuanto a la relación motivación-acción que se debe dar en la escuela. De este modo Ferres considera que el deseo es el motor que lleva al ser humano a la acción y que la seducción puede ser disgregadora o integradora dependiendo de la manera como se enfoque. Igualmente, Ferres expone las falencias de la educación que, en general, está diseñada desde afuera y que convierte al aprendiz en un receptor de la información que se encuentra inmersa en su entorno social; sostiene que hay que concebir la educación como esa formación de lo interior , con el objetivo de que se dé una transformación que conlleve un cambio de perspectiva de los alumnos frente a su proceso de aprendizaje.

6. Fomentar el deseo de aprender
Teniendo en cuenta que, como expone Ferres, existe una escala en la que pueden encontrarse los distintos deseos o placeres del hombre, puede decirse que el papel del maestro consiste entonces en llevar al alumno a que evolucione dentro de dicha escala, con el objetivo de que no sólo desee satisfacer sus deseos primitivos, sino que encuentre placer en su proceso de aprendizaje. Nuestra capacidad de responder ante los estímulos primarios es completamente innata, mientras que responder emotivamente a estímulos más complejos es algo que se aprende en el transcurso de la vida y, por obvias razones, se logra con mucha más facilidad cuando contamos con la guía de un maestro que incita a la reflexión y muestra la verdadera riqueza de la educación.

7. El docente es un mediador
Conociendo las grandes distancias que en muchas ocasiones separan a los estudiantes del conocimiento, originadas en la mayoría de los casos por ese “facilismo” en que ha caído la sociedad actual, es indispensable que el maestro se convierta en ese puente que comunica a sus alumnos con aquellos contenidos que éstos necesitan aprender. En este sentido, es fundamental que el maestro emplee estrategias pedagógicas y didácticas apropiadas para presentar el conocimiento de manera interesante, haciendo que los aprendices comprendan la utilidad de cada una de las nuevas cosas que conocen. Respecto a la imagen, cabe señalar que, aunque su uso está fuertemente marcado por esa cultura del espectáculo de la que habla Ferres, el maestro puede funcionar como el puente que haga de ella un recurso interesante y útil dentro del aula de clase.

8. Hay sumas que restan
Con la aparición cada vez más seguida de nuevos recursos tecnológicos, las instituciones educativas se han esforzado en incorporar la mayor cantidad de dichas herramientas al proceso de enseñanza, basados en la creencia de que por ser algo novedoso, muy cercano a los niños y a los jóvenes de esta era digital; han reemplazado estos recursos por los libros y otros elementos que juegan un papel fundamental en la educación. Por ello, Ferres sostiene que no se trata de emplear los medios por emplearlos, sino de usarlos adecuadamente, sin descuidar lo más importante: lo que se va a enseñar. Los equipos tecnológicos nunca podrán reemplazar a un buen maestro.

9. Una educación multimedial
Ferres hace una reflexión bastante interesante acerca de la educación multimedial, entendida como una educación en la que se integran de manera consciente y estratégica los diferentes medios con el objetivo de brindarle al estudiante la mayor cantidad de experiencias distintas, pero todas muy bien enfocadas desde el punto de vista didáctico. Esto a sabiendas de que cada medio es apropiado para enseñar determinados contenidos y ayuda a desarrollar unas determinadas habilidades.

10. La magia de la tecnología audiovisual
Si bien es cierto que los medios de comunicación, y en general todos los recursos tecnológicos, no son el factor definitivo dentro del proceso educativo, también lo es que ellos se constituyen herramientas extremadamente útiles en el quehacer docente, gracias a la posibilidad que ofrecen de presentar los contenidos de forma mucho más atractiva para los alumnos, quienes, además, manejan estos recursos con gran facilidad dada su familiaridad con ellos en las diferentes facetas de su vida cotidiana. Por lo anterior, cabe señalar que lo importante es combinar con cuidado todas estas nuevas tecnologías para hacer de la enseñanza una experiencia mucho más rica y significativa.

lunes, 22 de agosto de 2011

BETTELHEIM, Bruno. y ZELAN, Karen. “El acceso a la instrucción”. En: Aprender a leer. Editorial Crítica, 2000, p. 13-41.

En el primer capítulo de su libro Aprender a leer Bruno Bettelheim y Karen Zelan exponen algunas ideas bastante importantes respecto al acceso a la educación, considerado como una experiencia trascendental en la vida de toda persona, dado que en este momento inicia su desarrollo dentro de la sociedad . Teniendo en cuenta la importancia de este acontecimiento, los autores señalan algunos factores determinantes en el proceso de aprendizaje, que, en muchas ocasiones, son tomados a la ligera y terminan afectando drásticamente el desempeño de los estudiantes.

En primer lugar, cabe resaltar que el maestro ocupa un lugar supremamente importante en el proceso educativo, puesto que no sólo es un guía en el aspecto cognitivo sino que también se constituye una de las autoridades que más ejerce influencia a nivel psicológico y social sobre sus alumnos. Por este motivo, se insiste en la necesidad de que el maestro sea realmente ese mediador entre el conocimiento y los estudiantes, pero más que ello, sea un mediador entre el niño que necesita aprehender la cultura que lo rodea y ésta que es un impresionante compendio de tradiciones, costumbres y saberes que se encuentran inmersos a la sociedad.

Asimismo, se sostiene también que el maestro debe estar dispuesto a luchar contra muchos inconvenientes que se pueden presentar en su quehacer diario, como el desinterés de sus alumnos por el aprendizaje y las imposiciones a las que, en muchas ocasiones, se ve sometido dentro de las instituciones educativas; razón por la cual resulta indispensable que el maestro de hoy sea flexible y dinámico para poder adaptarse a las condiciones cambiantes de la sociedad en la que se encuentra y poder responder satisfactoriamente a las demandas de unos alumnos que, en la mayoría de los casos, tienen puesta toda su atención en aspectos más triviales de su entorno que en su propio proceso formativo.

En cuanto a los textos escolares los autores mencionan que por dos razones fundamentales éstos son poco interesantes para los niños, ya que en la mayoría de los casos presentan un grupo de palabras bastante limitado que se repite a lo largo de todo el texto, por lo que no promueven en el niño un incremento significativo de su léxico. Además, las historias con las que se enseña a leer se tornan a veces tan simples que terminan tratando a los niños como si fueran tontos, por lo que estos se aburren al tener que leerlas.

La situación sería muy distinta si todos los niños tuvieran la posibilidad de aprender a leer con la ayuda de sus padres, si en los hogares existiera un aprecio por la lectura, por los buenos libros, que hiciera que los aprendices no se vieran limitados a los monótonos libros de texto que les ofrece las escuela; sin embargo, el maestro debe ser consciente de que, aunque este sería el ideal, dadas las circunstancias que prevalecen en la actualidad, la función educativa cada día se restringe más a él, por lo que debe amar su labor y tener la formación adecuada para ser realmente competente en la enseñanza. Hay que recordar que la enseñanza de la lectura no le compete exclusivamente al maestro que enseña la lengua materna, sino a todos los demás, dado que la competencia lectora y escritora son determinantes en el futuro académico de los niños.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Técnicas visuales

Regularidad




Irregularidad




Inestabilidad




Equilibrio




Asimetría




Simetría




Exageración




Reticencia




Espontaneidad




Predicitbilidad




Episodicidad




Continuidad




Plano




Profundidad





Simplicidad



Complejidad



Acento



Neutralidad


Opacidad-transparencia



Singularidad



Yuxtaposición


lunes, 15 de agosto de 2011

Algo sobre mí

Cuando trato de recordar cómo transcurrió mi infancia brota de mi memoria una impresionante cantidad de imágenes que no logro identificar con claridad; ante esta imposibilidad para relatar con precisión muchos momentos importantes de mi vida, sólo me resta expresar con certeza que mi niñez fue tranquila y feliz. Mis padres siempre se aseguraron de darme lo que necesitaba: amor, apoyo, y, por supuesto, todas aquellas cosas que se hacían necesarias en el crecimiento de la niña de la casa.

Tras intentar muchas veces hacer de mi viaje a la guardería una aventura, toda la familia se sintió desilusionada, y cuando digo toda me refiero a mamá, papá, al tío Orlando, al abuelo y a no sé cuántas personas más que, simulando estar muy felices, me compraban golosinas y me llevaban “a caballito” con el objetivo de que me convenciera de lo bonito que era ir a aquella casa llena de niños, de la que aún hoy lo único que recuerdo es un delicioso olor avena caliente. Mamá dice que esta travesía no duró más de un mes, por lo que el primer intento de relacionarme con otros niños y con un adulto que no fuera pariente mío resultó un fracaso.

Al fin, mis padres entendieron que tener una hija tan esquiva tenía algunas desventajas y que la mejor decisión que podían tomar era darle tiempo al tiempo y esperar a que el interés por estudiar despertara en mí. Creo que no tuvieron que esperar demasiado, pues al llegar a esta ciudad, con cuatro años de edad, sentí por primera vez la ilusión de ir al colegio. Todos los días veía a los niños que iban camino al colegio, con morralitos parecidos al que papá me había comprado desde hacía un tiempo, y que usaba para guardar un lápiz y un cuaderno por los que ahora sentía un cariño muy especial.

Aunque esta vez era yo quien se mostraba muy interesada en asistir a clases, mis padres sabían que era muy posible que en pocos días me arrepintiera y llorara desesperadamente al llegar al colegio, como había sucedido antes; afortunadamente, en esta ocasión todo salió mucho mejor… eso sí, por mi cabeza no pasaba la idea de quedarme en ese lugar sin mi madre, por lo que también acostumbrarme a ello requeriría algún tiempo. Sin embargo, después de algunas semanas ya me sentía libre y segura dentro de aquel bello lugar: mesitas de colores, sillitas cómodas, estantes con juguetes, un parquecito con resbaladero… qué más podía desear en ese pequeño paraíso.

Ahora tenía mi primer acercamiento realmente importante al mundo de las letras y de las palabras, las tareas de todos los días me parecían muy interesantes y no podía esperar hasta después del almuerzo para empezar a hacerlas, por lo que mamá me alejaba los colores mientras sonreía orgullosa al ver mi entusiasmo. Así, entre pinturas, plastilina, lana, pedacitos de papel y hasta granitos de arroz, transcurrieron mis primeras experiencias de aprendizaje llenas de color e imágenes que me llenaban de alegría. Aunque con los números el proceso fue muy semejante, puesto que se encontraba a cargo de las mismas maestras, no puedo decir que éstos me parecieron tan agradables por lo que imagino que se trata, simplemente, de una cuestión de gusto.

Fueron muchas las historias que escuché de labios de mis padres y maestras durante mi infancia, y muchas otras las que tuve la oportunidad de leer; recuerdo, gratamente, que uno de los primeros libros que pude leer sin ayuda fue Pinocho, cuento que, además de entretenerme, desde muy chica me enseñó que no debía mentir ni desobedecer a las personas que representan autoridad, puesto que las consecuencias podrían ser verdaderamente terribles. Más adelante vinieron otras obras que recibí con gran agrado en su tiempo como Juan Salvador Gaviota, El amor en los tiempos del cólera, El perfume, El retrato de Dorian Gray, Del amor y otros demonios, entre muchos otros, que me han mostrado el maravilloso mundo de la literatura, en el cual apenas me estoy adentrando y del que quiero conocer hasta los más mágicos rincones.