martes, 21 de febrero de 2012

Dinero en la cuerda floja

Cada día confirmo con dolor que en este mundo todo es plata; y no es que crea que la libertad, la fraternidad y la igualdad son cosas que se consiguen con dinero, no, de ninguna manera; pero sí me he dado cuenta de que sin dinero es muy difícil hacer lo que realmente uno quiere hacer. A veces pienso que sería maravilloso llenar mi maleta café con lo primero que encuentre en el armario y salir corriendo hacia Cartagena, en un viaje improvisado pero lleno de aventuras; sin embargo, me veo obligada a aterrizar en el planeta tierra, y más precisamente en tierra colombiana, porque mis ahorros no alcanzan para ir más allá de Piedecuesta a tomarme un frappé con una amiga.

Cuando estoy pensando mucho en asuntos económicos normalmente traigo a memoria el caso de Camilo, un hombre que ha tenido que ser muy ingenioso para sobrevivir en esta ciudad. Muchas son las personas que, como él, realizan oficios raros, oficios que de una u otra forma llaman la atención de los demás, a tal punto que, si se analiza seriamente el asunto, seguro que uno se incomoda y hasta las compadece por su situación.

-“Esto es duro”- dice Camilo para referirse a su trabajo, a ese medio a través del cual desde hace un tiempo se gana el sustento. –todo el mundo cree que esto es muy fácil y que uno se gana la plata de chévere, pero no. Esto requiere sacrificio, además la mayoría de la gente no le colabora a uno, son muy pocos los que me dan plata-.

Es ahí cuando surge la pregunta ¿por qué dedicarse a hacer juegos malabares en un semáforo? Éste muchacho, de 23 años, cuerpo delgado y cabellos oscuros, explica sus motivos: “lo bueno de esto es que uno mismo maneja su tiempo y no tiene que rendirle cuentas a nadie; tampoco se necesita plata para invertir así que uno sabe que todo lo que reciba es ganancia”.

La primera vez que vi a este joven llegaron a mi cabeza muchas inquietudes: ¿por qué hace eso? ¿Por qué no trabaja en otra cosa? ¿Será que sí recibe el dinero suficiente por ello? Él estaba haciendo sus malabares en la calle 45, mi padre me llevaba en su moto a una cita médica que yo tenía a eso de las 8:30 de la mañana.

El clima estaba un poco frío y el cielo muy nublado, mi padre conducía rápidamente hasta que ese semáforo lo obligó a detenerse; fue entonces cuando inició el espectáculo de Camilo: pantalones bombachos, un chaleco rojo y un sombrero que eran parte importante del show; una cuerda de aproximadamente 2 metros sobre la cual se subió con mucha facilidad, unos pasitos ágiles que dio sobre ella, y el movimiento del sombrero que realizó delicadamente, primero con la mano derecha y luego con la izquierda. Bajó de la cuerda y luego volvió a subir, ahora con tres pelotas en la mano para mostrar su destreza en una prueba de mayor dificultad.

Aunque en el momento pensé varias cosas preferí no hablar del asunto con mi padre, pero, mientras el malabarista pasaba junto a cada uno de los vehículos recogiendo el dinero correspondiente por su función, fue mi papá quien me habló de él:

-¡Pobre chino! el jueves fue al taller todo afanado…

-¿Y eso? ¿Por qué? -Le contesté-.

-No, es que imagínese que él estaba haciendo sus malabares y se cayó; cayó encima de un carro y siempre le alcanzó a hundir un poquito el frente…

-¡Ay Dios! ¿Y qué pasó?

-No pues él me preguntó que cuánto podía valer el arreglo de eso, ¡porque el man del carro como que le quería sacar $300.000!

-¡Jum! ¡Pobre muchacho!

Mi padre bastante condolido por el caso del joven concluyó:

-Yo le dije que no le fuera a dar más de 100.000 pesos por eso. ¡Pobre pela’o que debe andar bien arria’o pa’ que venga otro a aprovecharse de él, a sacarle la plata que no tiene!

Algunos días después tuve la oportunidad de hacerle a Camilo algunas de esas preguntas que se me habían ocurrido y escuchar su opinión sobre el oficio que realiza; seguramente la mayoría de la gente ni siquiera se ha dado cuenta de que él está ahí parado, tratando de ganar dinero como puede: -uno no sabe qué es peor, si tener un sueldo mínimo, que no alcanza para nada porque es muy poquita plata, o tratar de buscar el dinero uno mismo, sin que otro lo esté mandando todo el tiempo. De esto lo más feo es la asoleada y que no falta que alguien lo mire a uno feo, que lo desprecie como si uno le estuviera haciendo algún daño-.

Hasta cierto punto yo entiendo a Camilo, entiendo que busque ganarse el dinero con lo que tiene a su alcance, como lo hacen muchos colombianos víctimas del desempleo tan impresionante que hay en este país. Muchos como él tienen que acudir a trabajos extraños o incómodos para sostenerse económicamente, ya sea por falta de educación y formación profesional o, peor, simplemente por falta de oportunidades.

Alguien a quien conocí hace poco tiempo, de quien tengo muy buenas referencias, se graduó hace algunos meses como licenciado en español y literatura de la misma universidad en la que yo estudio; se destacó por ser un excelente estudiante y más de un profesor reconoce su disciplina y excelente desempeño académico; no obstante, este hombre que podría estar ayudando a transformar la educación del país, tristemente, está desempleado; sinceramente espero que su situación mejore.

Ruego también porque yo pueda contar con mejor suerte, logre tener un trabajo excelente, en el que me sienta totalmente satisfecha, y mis finanzas no vivan en la cuerda floja.

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